“AYUDAR A MI HIJA A SER UNA MUJER DE DIOS”

 

¡Avancemos!. ¡La Iglesia, la sociedad y tu familia necesitan que nuestras hijas lleguen a ser mujeres de Dios! Veamos:

 

 

¿Ve tu hija que amas a Dios?

 

 

“¡Por supuesto!”. “¡Le estamos sirviendo!”, dirás. Sin embargo, quizá haga falta que nos hagamos algunas preguntas.

¿Cuántas veces te encontró de rodillas? ¿Cuántas veces te oyó decir “Antes de decidir debo consultarlo con el Señor?”.

 

 

La vida devocional constante y genuina de una persona trasciende a la intimidad; va más allá de lo físico. Y no es en la “pompa espiritual” donde demostramos nuestro amor a Dios, sino en los más pequeños y cotidianos detalles.

 

Si quieres que tu hija sea una mujer de Dios, ella debe ver que funciona, debe verte como una mujer que convive con Dios.

 

 

 

¿Ve tu hija que te esfuerzas por darle el tiempo en que te necesita?
 

 

Muchas veces decimos: “Más vale la calidad del tiempo que la cantidad”. ¡Cuidado! Esa puede ser una excusa para no darle lo que ella necesita. Quizás pasamos mucho tiempo escuchando a tantas otras mujeres que nos cuentan sus problemas y por ellas estamos orando y nuestra hija esperando.

 

 

Con lógica las preocupación son y nos decimos: “Yo quiero ir a ganar a los niños de la China y aquí, en mi casa, se perdía mi propia hija.”

 

 

La comunicación que se corta es muy difícil recuperarla. Si somos conscientes que no andamos bien en esto y hace tiempo que nuestra comunicación es débil, ¡dejemos todo!. ¡Ahora es el momento!. Busquemos la mejor forma de iniciar el diálogo. Una idea práctica seria fijar una cita semanal para que ella sepa que su mamá es toda para ella. Quizá puedan jugar, salir y divertirse juntas. Les puedo asegurar que da grandes resultados a cualquier edad y aun con nuestras hijas casadas.

 

 

¿Ve tu hija cómo amas y respetas a tu esposo, su padre?

 

 

Un famoso escritor narra, en uno de sus libros, que cuando era pequeño vivió algo que nunca pudo borrar de su mente. Estaba él jugando con sus hermanitos y su papá regresaba del trabajo. Abría la puerta y se dirigía directamente a buscar a su esposa para darle un abrazo y un largo beso. Y comenta el autor:”… nosotros nos poníamos a mirar y al ver a mamá y a papá que se amaban, eso nos daba seguridad”.

 

 

No puede mi hija tomarme como ejemplo si no llevo una vida cercana a mi marido. ¿Es posible transmitirle mi romanticismo y mi deleite como pareja?. Mi sujeción amorosa como esposa será modelo para cuando Dios le dé su propio hogar, y pueda decir “Me lo enseñó el Señor a través de mi mamá”.

 

 

 

¿Sabe tu hija que oras por ella?

 

 

Algo práctico podría ser que ella supiera que a determinada hora estaré orando por ella. Una señora me decía que cada vez que hacía la cama de su hijita se tiraba de rodillas sobre ella para orar por su pequeña. Estar pendiente de cómo sucedió aquello por lo que ella pidió oración, es completar su pedido de oración e interés por sus cosas.

 

 

 

Frente a estos interrogantes quizá exclamemos: ¡Qué difícil es poder transmitirle a mi hija toda esta riqueza!. Pero, gracias a Dios, a través de los tiempos bíblicos hubieron mujeres que, aun en su imperfección, supieron dar hijos que fueron hombres de Dios. O también las madres que en todos los tiempos de la iglesia tuvieron la firme determinación y el coraje necesario y santo para lograr hacer un impacto en la vida de sus hijos y mostrarles la perfección y el carácter de Cristo. Madres que supieron mantener el no cuando era no y el sí cuando era sí. Que supieron tener diálogo diario con Dios y con sus hijos.

 

 

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