“AYUDAR A MI HIJA A SER UNA MUJER DE DIOS”

 

 

Toda madre quiere ayudar a mi hija ser una mujer de Dios. Ahora bien, supongo que estamos de acuerdo en que un buen ejemplo es importante, pero Dios no prepara a tu hija para ser una mujer espiritual como premio a tu devoción, sino que exige, además, un proceso largo de enseñanza justa, de tiempo, de ejemplo y de oración. Veamos:

 

 

¿Ve tu hija en ti a su «mamá»  o a la  «Sierva del Señor» ?

 

Era el funeral de una gran sierva del Señor. Junto al féretro, su hija, entre lágrimas repetía: Fue una gran sierva de Dios pero yo nunca tuve mamá.

 

Cuanto más se acepte a sí misma, tal como Dios la ha hecho, tanto más fácil le será convertirse en una mujer de Dios

 

Otra gran mujer de Dios debía viajar a una ciudad del interior de su país donde  hablaria en unas conferencias.

 

Al salir de mu hogar su hija le entregó una carta para que la leyera estando ya en viaje. Al abrirla recibí uno de los mejores regalos de su vida de madre y sierva del Señor. Gracias por ser mi mamá, gracias por… gracias porque cuando… gracias porque…” e iba describiendo distintos momentos en la vida de ellas, y finalizaba diciendo: “pero ahora me doy cuenta que el Señor te ha hecho una sierva de Dios”.

 

Ocupémonos de demostrarle que somos la mamá que ella necesita. Lo demás se lo va a declarar el Señor.

 

 

¿Ve tu hija cuan agradecidas estamos por ser mujeres?

 

 

Dios nos ha dado el privilegio y la responsabilidad de ser mujer y corno tales debemos volcar ese sentir en nuestra hija. Conozco una madre que cuando su hija “se convirtió en mujercita”, se encerró en su habitación a llorar dejando a su hija tremendamente sorprendida. Su hija pasaba por la rara y difícil experiencia de su primer período menstrual, y al contárselo a su madre, ésta llora encerrada en un cuarto. ¿No hubiese sido una excelente idea cambiar sus lágrimas por una pequeña fiesta al ver que su hija “se recibió” de señorita?

 

 

 

Hablemos con nuestra hija para que, como madres, sepamos volcar en ellas todos los privilegios que enmarcan la vida de mujer. Charlemos de cuántas ventajas Dios nos ha dado y de la hermosura de ser mujer. Cuanto más se acepte a sí misma, tal como Dios la ha hecho, tanto más fácil le será convertirse en una mujer de Dios, y mientras más alta estima tenga del rol femenino que le ha tocado vivir, más amará a Aquel que la hizo mujer.

 

 

¿Te ve tu hija como una mujer llena de encanto?

 

 

¡No la confundas! ¡Ella quiere una mamá de quien estar orgullosa! Alguien dijo: “Qué lástima da ver a una mujer que ha crecido en belleza interior pero que no ha hecho nada por proveer un marco adecuado para albergarla”.

 

 

 

A nuestras hijas les agrada que mamá, aunque sea en forma sencilla, mantenga su encanto. El arreglo personal es bien visto en todas las personas, pero en la mujer cobra un sentido especial. Por el hecho de que muchísimas mujeres sólo dan importancia a su apariencia y hasta hay quienes se exceden en ello, muchas mujeres creyentes piensan que dar lugar al arreglo personal, no hay provecho en ello, pero no es así. Nuestra vida no debe depender de ello, pero es parte de ser mujer. No pierda tu encanto!

 

 

 

Dios no nos pide lo imposible. Sólo espera que nosotros hagamos lo que está a nuestro alcance. Veo a tantas madres cristianas que viven bajo una nube constante de preocupación. Es lógico que se interesen por el bienestar de sus hijos, pero podemos dejar lo que está fuera de nuestro control en las manos de Dios.

 

 

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